Sobre Publicidad Anónima de Lorena Malo

Nos aburrimos en la ciudad, ya no hay ningún templo del sol. Entre las piernas de las mujeres que pasan, los dadaístas hubieran querido encontrar una llave inglesa, y los surrealistas una copa de cristal. Esto se ha perdido. Sabemos leer en los rostros todas las promesas, último estado de la morfología. La poesía de los carteles ha durado veinte años. Nos aburrimos en la ciudad, tenemos que pringarnos para descubrir misterios todavía en los carteles de la calle, último estado del humor y de la poesía.
Gilles Ivain, Formulario para un nuevo urbanismo

La obra de Lorena Malo se caracteriza como una derivé constante entre distintos espacios de la ciudad y entre distintas formas de expresión urbana. Lejos de ser unitaria, sus trabajos oscilan entre distintos caminos a partir de los cuales la artista intenta reelaborar los objetos y las situaciones a los que nos enfrentamos al transitar diariamente por la ciudad.
Desde el cartel publicitario, el espectacular, las plagas y los marginados, tópicos constantes en su obra, Lorena Malo establece diferentes momentos de naturaleza psicogeográfica en la vida cotidiana de la Ciudad de México. Sus trabajos nos recuerdan las fases situacionistas de la derivé, intentos frecuentes de resignificar lúdicamente el espacio urbano, más allá de lo que éste puede significar para un turista cualquiera, porque apuntan más a los procesos de reapropiación del espacio, que a la fuga o la mera curiosidad.
De hecho, en su último trabajo El limosnero podemos apreciar estos procedimientos, porque la pieza fue ubicada en el cruce dos avenidas transitadas, Insurgentes y Álvaro Obregón, en la colonia Roma, una zona en la que los bourgeois-bohèmes contemporáneos intentan escaparse de la trivial espectacularidad que ofrecen otras zonas de la ciudad y en la que los cambiantes procesos de reurbanización estatal la tornan poco a poco a la moda.
Ahí esta pieza apareció como un momento de ruptura, en la que un personaje común de ésta ciudad sorprende como alguien al que hay que ver, a quien la deriva de una persona atenta enfocaría su mirada. Es un personaje, como los que aparecen en otras de sus piezas, marginado, pero reincorporado en el espacio urbano, rompiendo con la indiferencia de los habitantes de la ciudad.
Este proceso de re-localización de los ciudadanos marginales en el mismo espacio público, a través de representaciones artísticas, obliga al espectador-ciudadano-citadino a replantear sus relaciones éticas con estos habitantes, pero también a reflexionar acerca de su dependencia visual respecto de los códigos “normalizados” de la publicidad y la industria del entretenimiento, desde los cuales se ha limitado a comprender su propia realidad social.
Para ello la artista ha elaborado, de un modo consistente, imágenes en la cuales hace converger colores, texturas, materiales y modalidades de la figuración asociados al campo semántico de lo doméstico, con un conjunto de entidades “indeseables” (los vagabundos, los mendigos, los jóvenes en situación de calle) y “nocivas” (las ratas y las cucarachas) que participan de la vida urbana y se encuentran insociablemente atadas a ella.
La referencia al ámbito doméstico permite problematizar las relaciones simbólicas que este sostiene con lo público: la obra que constituye este ciclo de producción nos ofrece un contrapunto sobre la explosión de un mercado para la “gráfica urbana” en México que se ha consolidado en muy pocos años. No me refiero únicamente al ingreso de esta “especialización” de la gráfica al museo público o a la galería de arte, también al surgimiento de una industria editorial y al establecimiento de locales que combinan el sitio de exhibición con la venta de artículos relacionados con su práctica, sean materiales de trabajo o indumentaria.
Lorena Malo ha realizado un conjunto de piezas que intervienen el espacio urbano y cuyo efecto es reversible, porque lo hacen un modo transitorio sin favorecer la apropiación de terceros, una de las reglas básicas del trabajo visual en la calle. Su condición portátil les permite transitar de la “vía rápida” a la pared de la galería para luego regresar al exterior, actualizando de manera incesante sus significaciones, problematizando las relaciones entre espacios sociales, quienes las habitan y el modo en el cual sus representaciones terminan por desconcertar al espectador que ha tratado sistemáticamente de homogeneizar su experiencia cotidiana del afuera asfaltado.
Publicidad anónima no apuesta por lo gráfico como una marca personal que busca sobrevivir el mayor tiempo posible entre el mar de imágenes que se impregnan diariamente en la piel de la calle, ofrece representaciones como espacios de reflexión ante las miradas voraces e insaciables que buscan la novedad pero no la sorpresa en aquello que resta de la batalla urbana y aún sobrevive.

Gemma Argüello – Irving Domínguez | Julio del 2011, Ciudad de México.


Este proyecto fue realizado dentro del programa de apoyo a la producción de Centro ADM.

 

 

 

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